El trabajo en la oficina es algo completamente obsoleto e ineficiente, y esto es una realidad objetiva. A día de hoy muchos de los trabajos ofertados ya no exigen tener que acudir a un sitio físico sino que, el punto de encuentro está en una nube virtual.
Cuanto más valor añadido aporte una persona a una empresa, mayor capacidad tendrá para teletrabajar. Y es que, un trabajo 100% digitalizado es, por norma general, un empleo de alto valor y por lo tanto indispensable para la cadena productiva de una empresa. Y ya no solo eso, sino que, ¿qué incentivo tiene el trabajador para acudir a un lugar físico?
El riesgo asociado al desplazamiento, mayoritariamente en coche, y el coste asociado hacen que sea muy poco provechoso para un empleado tener que acudir diariamente a su puesto. A mayor abundamiento, la pérdida de tiempo es una cuestión de suma importancia que muchos empleadores no valoran.
Existe una presión empresarial para que el teletrabajo no se produzca, comenzando por el propio estado.
Pongamos un ejemplo práctico, si el trabajador tipo tiene que viajar de su casa a su empresa situada a unos cuantos kilómetros, el gasto en combustible, mantenimiento del vehículo o incluso, el gasto en transporte público más el gasto de tiempo, no son recompensados como merecen en una gran cantidad de veces, por lo que, si le indicas que su jornada laboral de 8 horas, termina sin perder un solo segundo de su vida, va a agradecerlo. ¡Vaya qué sí!
Además, tal y como está configurada la jornada laboral en España, con unos horarios la mar de extensos, el hecho de tener más tiempo libre será un incentivo que muy pocos trabajadores van a rechazar.
Por el contraste, muchas personas niegan las cualidades del teletrabajo con afirmaciones tan peregrinas como «no se hace grupo», «hay más despistes» o «se trabaja menos». Obviamente, todas estas cuestiones son afirmadas sin pruebas. Por otro lado, existe una presión empresarial para que el teletrabajo no se produzca, comenzando por el propio estado. ¿Cómo se van a pagar los trenes si nadie los usa? ¿Quién va a comprar un coche o pagar el impuesto del gasoil si no hay que ir en vehículo privado? ¿Y la hostelería?
Todas estas presiones externas acabarán en un rotundo fracaso, al parecer, por algo bien sencillo. Si algo es eficiente tiende a ser más rentable, y en cuanto sea más rentable acabará por instalarse en el mercado con suma facilidad, y si no, tiempo al tiempo.
Post realizado por David Pérez Pérez en su página de LinkedIn

